¿Predecir el futuro o influir sobre el destino?
En el pasado remoto, todo aquel que supiera con antelación cuándo habría un eclipse, tenía un poder considerable. Los antiguos sacerdotes y sabios son un buen ejemplo de ello. Conocer el futuro es uno de los deseos más viejos y reiterados del ser humano. Pero predecir el futuro no es de simples mortales. Es más fácil influir sobre el destino.
Es obvio que predecir el futuro puede ser contraproducente. En el fondo, se desea saber “ciertas” cosas del futuro, cuando se espera que sean buenas para nosotros, pero las malas, esas no son de interés.
El resultado de la lotería, la empresa más rentable dentro de dos años, el ganador del próximo partido entre Barcelona y Madrid; son informaciones privilegiadas que quisieramos tener “antes” de que ocurran, pero saber la fecha o forma en que se pasará a la otra vida, puede ser difícil de manejar.
Predecir el futuro al estilo “Nostradamus” requiere poseer un don muy escaso y pocas personas pueden jactarse de ello. Claro, también existen varios científicos trabajando en diversas teorías que apuntan a que los viajes en el tiempo o las “ventanas temporales” son posibles. Muchas de las películas de ciencia ficción se basan en estas teorías. Sin embargo, como simples mortales, es muy probable que lo anterior se escape de las manos y entonces solo queda desear una mejor calidad de vida. Tener un mejor destino. Pero, las opciones son reducidas.
O tenemos suerte y nuestro número sale en la lotería, lo cual es una forma de ver el futuro, o simplemente trazamos un plan que partiendo del ahora nos permita llegar a un mejor destino en el futuro.
Para lo primero nos basta con tener suerte, para lo segundo, necesitamos, para empezar, una visión y un plan, que partiendo del ahora y nutriéndose del pasado, nos permita “visualizar” un probable futuro.
Si conocemos nuestras fortalezas y sabemos los recursos disponibles, si se tiene un sueño que perseguir, si se decide poner en ello la vida, si se cree lo suficiente en nosotros mismos y aceptamos las posibles privaciones iniciales, si desarrollamos la constancia y la disciplina necesarias, es posible, solo posible, que se pueda influir en nuestro destino. El primer paso es visualizarlo, imaginarlo, describirlo, sentirlo y luego traducir eso en acciones, metas, actividades. Surgirá un plan, una empresa. El posible plan de la vida.
