En las empresas: ¿Colaborar o competir?

Publicado en por Jorge Skrainka

Esta es la típica dualidad. En la vida, quizás nos preparan mas para competir y sobrevivir que para colaborar. Sin esta habilidad, muchos no lograrían sobrevivir. Colaborar es otra cosa y salvo en el hogar, la escuela y los deportes, escenarios naturales para practicar la colaboración, las empresas suelen confundirlos. Sin embargo, ambas destrezas son útiles.

Causas y Efectos: son pocas las oportunidades que tienen los adultos de adquirir en forma natural las habilidades y destrezas requeridas en un mundo en el cual el trabajo en equipo, las alianzas y las sinergias están a la orden del día. No es cosa de teoría. La ley de causa y efecto aplica en todo el universo. Alentar la competencia o la colaboración tiene sus efectos. Sin embargo, todo en exceso es dañino. En las empresas en las cuales la competencia individual es apasionada, los equipos y los beneficios pueden resentirse. En aquellas en que la competencia individual se restringe, pueden perderse oportunidades. Quizás la respuesta implique aprovechar lo mejor de ambos enfoques. Lograr el balance: siempre será mejor trabajar en equipo y competir entre equipos que entre personas de un mismo equipo. Sobre esta idea se ha construido la sociedad. Colaborar hacia adentro, competir hacia afuera. Las competencias personales resultan más valiosas “fuera” del equipo, de frente a otros equipos, mercados o empresas. Enfatizar en un enfoque sobre u otro y mantenerlos equilibrados es tarea de la línea de mando, del supervisor, líder, capataz o como quiera definírsele. En definitiva, del coach o entrenador de turno. El responsable de cada equipo es la brújula que canaliza y estimula las energías, las iniciativas, los procederes. El Estilo de Liderazgo: los equipos tienden a reflejar el estilo u enfoque de su líder. La figura del líder tiene la llave para dosificar la composición adecuada de la fórmula del éxito a partir de una variada paleta de ingredientes. La colaboración y la sana competencia son solo dos de ellos. Por ejemplo, si el líder prefiere estimular las ventas individuales, reconocerá y motivará solo a sus comerciales más despiadados sin detenerse a considerar al resto del equipo. En el fondo, es un grupo, quizás de buenos solistas, pero un grupo, no un equipo. La formación adecuada en supervisión, motivación, liderazgo y trabajo en equipo es quizás la alternativa más viable para optimizar los compontes de colaboración y competencia en toda organización o empresa. Cuestión de balance.

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